Huelva, España
Este artículo analiza las tres primeras versiones españolas de la poesía de Dickinson, versiones que nacieron vinculadas entre sí ya que, en sus orígenes, el culto a la poeta en el mundo hispanohablante se transmitió de boca en boca, como una savia secreta que aglutinaba a quienes se alimentaban de ella. El primer traductor de Dickinson fue Juan Ramón Jiménez, quien incluyó versiones de tres de sus poemas en Diario de un poeta recién casado (1917). A través de Jiménez, Gilberto Owen leyó por primera vez el nombre de Dickinson, de la que publicó sus propias traducciones en 1934 en el suplemento cultural del diario El Tiempo de Bogotá, y Ernestina de Champourcin, autora de la primera selección de poemas de Dickinson publicados como volumen independiente (Obra escogida, 1945), en colaboración con Juan José Domenchina, inició su fervorosa relación con la poeta estadounidense. Estas traducciones se caracterizan por el hecho de que sus tres autores son poetas. Más que un ejercicio profesional, son el resultado de un diálogo íntimo, un homenaje o incluso una estrategia mediante la cual Jiménez, Owen y Champourcin intentaron revivir en sus propias voces la singular emoción suscitada por una poeta decisiva en la definición de sus propias poéticas.
This paper focuses on the first three Spanish versions of Dickinson’s poetry. They were linked from the start, as the cult of the poet was passed on by word of mouth in the Spanish-speaking world, like a secret sap that brought together those who fed on it. Dickinson’s first translator was Juan Ramón Jiménez, who included versions of three of her poems in his Diario de un poeta recién casado (1917). It was through Jiménez that Dickinson became known to Gilberto Owen, who would publish his own translations in 1934 in the cultural supplement of the newspaper El Tiempo in Bogotá, and to the poet Ernestina de Champourcin, the author of the first selection of Dickinson’s poems published as an independent volume (Obra escogida, 1945), in collaboration with Juan José Domenchina. These translations are marked by the fact that their three authors are poets; rather than being a professional exercise, they are the result of an intimate dialogue, an homage, or even a strategy by means of which Jiménez, Owen, and Champourcin attempted to revive in their own voices the singular emotion aroused by such a different poet.