Entre los artistas colombianos que han trabajado en sus obras acerca del estado actual del capitalismo y la circulación de mercancías sobresale Miguel Ángel Rojas, quien con una obra notablemente pionera ha insistido desde la década de los noventa, por lo menos, en estas cuestiones. La circulación de las mercancías está signada en la obra de Rojas en dos materialidades que tienen una altísima carga simbólica: la coca y el oro. En los años noventa una zona de su obra se ocupó tanto de registros de lo autobiográfico, convertidos como señala Efrén Giraldo (2010) en "una representación de uno mismo con repercusiones simbólicas globales" (76), como del interés indigenista extendido a comienzos de la década por todo el continente gracias al ímpetu generado por la conmemoración del quinto centenario de la Conquista de América. En una notable conversación con Natalia Gutiérrez, Miguel Ángel Rojas rememora cómo el trabajo con las cabezas Tumaco lo ayudó a reconocerse en una singular identidad indígena. Esta identificación con lo indígena llevó a que una parte de la obra de Rojas buscara poner en evidencia las condiciones de marginalidad de las comunidades indígenas y campesinas desplazadas por la violencia. Desde comienzos de la década del dos mil, la obra de Rojas ha estado enfocada en "un trabajo crítico que pone en tela de juicio la política antidrogas seguida por el gobierno colombiano" (Rueda 5). En las últimas décadas esta preocupación se ha extendido hacia el deterioro ambiental de los territorios amazónicos causados por el extractivismo en sus distintas modalidades. Desde el 2012, año en que la nueva ley forestal del Brasil permitió que un solo colono pudiera talar hasta cuatrocientas hectáreas de selva amazónica, Rojas ha puesto en relación distintos materiales simbólicos como en el caso de El nuevo Dorado (2012-21), una obra donde compuso un enorme mural con serigrafías hechas con tonos de pigmentos reemplazados por mambe y hojas de oro. En 400 golpes (2024) el artista utilizó el nombre de la paradigmática película de Francois Truffaut Les Quatre Cents Coups y con los mismos materiales usados en El nuevo Dorado, sobre una superficie horizontal de piso parcelado, junto al carbón vegetal y las arcillas que hablan sigilosas de la destrucción extrema, desplegó en el espacio un mapa satelital de módulos pixeles de la cuenca amazónica sobre la que, frágiles, circulares y livianas, flotan ilusoriamente una serie de nenúfares, enormes hojas de Victoria Regia pintadas con mambe. Una rama de fibra orgánica como dibujo del río cubierta de oro, pende en el espacio y derrama, dorados, sus principales afluentes. De esta manera Rojas resuelve con diversos medios y recursos los modos posibles de practicar una mirada crítica establecida gramaticalmente por la carga simbólica de los materiales.
Dentro del marco de una investigación más amplia acerca de los modos de la duración en el arte, el cine y la literatura colombiana contemporánea, lo que busca este artículo es indagar en la obra reciente de Miguel Ángel Rojas a partir del trazo de una línea conceptual que intenta articular la lectura de las principales crónicas de Indias que relatan la búsqueda de El Dorado en el siglo XVI, el territorio del Amazonas como espacio de producción de sentido americano, el papel de los mitos indígenas y europeos en la conquista y el extractivismo como persistencia politica de la colonialidad en el siglo XXI. El objetivo general es establecer puntos de contacto entre la obra de Rojas y los principales relatos sobre el mito de El Dorado en el siglo XVI. Para ello propongo una hipótesis que apunta a identificar el oro como elemento articulador en la configuración de un discurso crítico. El imaginario de la conquista sobre el espacio amazónico, así como su prolongación colonial, comparten con las obras de Rojas El nuevo Dorado y 400 golpes tanto el elemento áurico como la mirada sobre el territorio amazónico. Desde una búsqueda plástica particular la obra de este artista colombiano se posiciona críticamente para dar cuenta de la vulnerabilidad de la cuenca amazónica denunciando las consecuencias nefastas de la modernidad y la colonialidad sobre la naturaleza americana.
Among the Colombian artists whose works address the current state of capitalism and the circulation of commodities, Miguel Ángel Rojas stands out. With a notably pioneering body of work, he has emphasized these issues since at least the 1990s. The circulation of commodities is characterized in Rojas's work by two highly symbolic materials: coca and gold. In the 1990s, a section of his work focused both on autobiographical registers, transformed, as Efrén Giraldo (2010) points out, into "a representation of oneself with global symbolic repercussions" (76), and on the indigenist interest that spread throughout the continent at the beginning of the decade thanks to the impetus generated by the commemoration of the fifth centenary of the Conquest of America. In a remarkable conversation with Natalia Gutiérrez, Miguel Ángel Rojas recalls how working with the Tumaco heads helped him recognize himself within a unique indigenous identity. This identification with indigenous culture led part of Rojas's work to seek to highlight the marginalized conditions of indigenous and peasant communities displaced by violence. Since the early 2000s, Rojas's work has focused on "critical work that questions the Colombian government's anti-drug policy" (Rueda 5). In recent decades, this concern has extended to the environmental degradation of Amazonian territories caused by extractivism in its various forms. Since 2012, the year in which Brazil's new forestry law allowed a single settler to clear cut up to 400 hectares of Amazon rainforest, Rojas has interconnected various symbolic materials, as in El Nuevo Dorado (2012–21), a work in which he composed a huge mural with silkscreens made with pigment tones replaced by mambe and gold leaf. In 400 Blows (2024), the artist used the name of François Truffaut's paradigmatic film, Les Quatre Cents Coups, and with the same materials used in Le Nouveau Dorado, on a horizontal surface of a divided floor, alongside charcoal and clays that secretly speak of extreme destruction, he deployed a satellite map of pixel modules of the Amazon basin in space. A series of water lilies, enormous Victoria Regia leaves painted with mambe, float illusorily, fragile, circular, and light. A branch of organic fiber, like a drawing of the river covered in gold, hangs in space and spills its main tributaries, gilded. In this way, Rojas uses various media and resources to resolve the possible ways of practicing a critical gaze grammatically established by the symbolic charge of the materials. Within the framework of a broader investigation into the modes of duration in contemporary Colombian art, film, and literature, this article seeks to investigate the recent work of Miguel Ángel Rojas by tracing a conceptual line that attempts to articulate the reading of the main chronicles of the Indies that recount the search for El Dorado in the 16th century, the territory of the Amazon as a space for the production of American meaning, the role of Indigenous and European myths in the conquest, and extractivism as the political persistence of coloniality in the 21st century. The overall objective is to establish points of contact between Rojas's work and the main narratives about the myth of El Dorado in the 16th century. To this end, I propose a hypothesis that aims to identify gold as an articulating element in the configuration of a critical discourse. The imaginary of the conquest over the Amazonian space, as well as its colonial prolongation, share with Rojas's works El Nuevo Dorado and 400 Blows both the auric element and the perspective on the Amazonian territory. From a particular visual search, the work of this Colombian artist takes a critical position to reflect on the vulnerability of the Amazon basin, denouncing the harmful consequences of modernity and colonialism on the American nature.