Cuando María Luisa de Orleans llegó a España como nueva reina, existía un modelo de consorte Habsburgo vigente y sostenido mediante representaciones idealizadas y, en muchos casos, artificiales. A través de mecanismos de propaganda política, religiosa y dinástica, la Corte había interiorizado un conjunto de atributos y comportamientos considerados propios de una reina consorte. Las actividades, espacios y rutinas estaban regulados por una estricta etiqueta que implicaba un control minucioso del cuerpo de la reina, en un sentido literal y simbólico. Sin embargo, María Luisa de Orleans se hizo célebre en la Corte madrileña por su dificultad para aclimatarse a estas normas, lo que generó tensiones y feroces críticas. A lo largo del artículo se analizarán los mecanismos empleados para vigilar, corregir y reconducir su comportamiento, así como las estrategias diseñadas por la reina para preservar ciertos márgenes de autonomía e influencia política.
When Marie Louise of Orleans arrived in Spain as the new queen, the Habsburg model of queenship had been firmly established and sustained by idealised —and often artificial— representations. Through political, religious, and dynastic propaganda, the court had internalised a set of attributes and behaviours deemed appropriate for a queen consort. The queen’s activities, spaces, and routines were governed by strict etiquette, which entailed meticulous control over her body in both literal and symbolic terms. However, Marie Louise became notorious at the Madrid court for her difficulty in adapting to these rules, a situation that provoked tensions and fierce criticism. This article analyses the mechanisms employed to monitor, correct, and redirect her behaviour, as well as the strategies she adopted to preserve a degree of autonomy and political influence