Alvaro Torrente Sánchez-Guisande 
El texto analiza el profundo “terremoto cultural” que se produjo en España alrededor de 1580, entendido como una transformación silenciosa pero decisiva que marcó el paso del Renacimiento al Barroco. Esta revolución no fue únicamente literaria o teatral, sino un fenómeno multidimensional que afectó a la música, la poesía, la danza y las formas de entretenimiento urbano. El autor propone una teoría integradora según la cual distintos cambios simultáneos —aparición de la comedia nueva, auge del romance nuevo, popularización de la guitarra rasgueada, proliferación de bailes cantados y adopción del compás ternario con hemiolas— forman parte de un mismo proceso cultural.
La apertura de los teatros públicos (corrales) y el surgimiento de dramaturgos como Lope de Vega transformaron el modelo cultural tradicional dominado por élites eclesiásticas y aristocráticas. El gusto del “vulgo” empezó a determinar la producción teatral, generando tensiones con moralistas como Juan de Mariana, que veía en el teatro una amenaza para el orden social.
Paralelamente, el romance nuevo se difundió masivamente a través de pliegos sueltos y recopilaciones como el Romancero general (1600). Su éxito se debió, en gran medida, a su dimensión musical: los romances eran piezas cantadas, estructuradas en cuartetas octosilábicas determinadas por patrones melódicos. La música popular influyó decisivamente en su forma y expansión.
La revolución musical incluyó la creciente hegemonía del compás ternario y el desarrollo de un sistema notacional específico —el compás de proporción menor— para registrar complejas alteraciones rítmicas. Bailes como la zarabanda, chacona o jácara, junto con el uso de la guitarra rasgueada, consolidaron un estilo musical característico que, aunque transmitido oralmente y poco notado por escrito, anticipó elementos fundamentales de la música barroca europea.
Este conjunto de innovaciones definió lo que posteriormente se llamaría el estilo español, un modelo estético duradero basado en la apropiación culta de formas populares.
The text explores the profound “cultural earthquake” that took place in Spain around 1580, conceived as a silent yet decisive transformation marking the transition from the Renaissance to the Baroque. This revolution was not confined to literature or theatre; rather, it encompassed music, poetry, dance, and new forms of urban entertainment. The author proposes an integrative theory in which several simultaneous developments—the rise of the comedia nueva, the success of the romance nuevo, the spread of strummed-guitar practice, the emergence of sung dances, and the adoption of triple meter with hemiolas—constitute facets of a single cultural process.
The opening of public theatres (corrales) and the emergence of playwrights such as Lope de Vega shifted cultural authority from aristocratic and ecclesiastical elites toward a paying public. This democratization of taste provoked moral and political debates, exemplified by Juan de Mariana’s fierce attack on theatre as a threat to Spain’s social and religious stability.
At the same time, the romance nuevo flourished through cheaply printed pamphlets and large anthologies like the Romancero general (1600). Its rapid dissemination was fundamentally musical: romances were sung texts organized into octosyllabic quatrains shaped by melodic patterns. Popular musical practice thus played a crucial role in their formal development.
A major musical shift occurred with the renewed dominance of triple meter and the creation of a unique notational system—the compás de proporción menor—designed to capture sophisticated rhythmic alterations. Sung dances such as the zarabanda, chacona, and jácara, supported by strummed-guitar accompaniment, defined a new soundscape. Although this repertoire was mostly transmitted orally and rarely notated, it anticipated core features of later European Baroque music.