Fernando Rodríguez-Gallego López 
EN LOS PROYECTOS DE EDICIÓN de autores del teatro clásico español que se han venido sucediendo en las últimas décadas, no solo se han abordado los autores mayores, sino también “dramaturgos menores” (en palabras de Rebeca Lázaro Niso 10) que abarcan desde ingenios tradicionalmente más estudiados, con obras consideradas canónicas, como Francisco de Rojas Zorrilla (1607–48) o Agustín Moreto (1618–69), a otros más alejados del canon habitual, como el almagreño (según se ha demostrado recientemente) Álvaro Cubillo de Aragón (1590–1661). El proyecto de edición de su obra, primero en la editorial Academia del Hispanismo y ahora en Edition Reichenberger, tiene una importancia singular, pues pone al alcance de lectores y estudiosos, en solventes ediciones críticas y anotadas, obras que, en no pocos casos, no habían vuelto a publicarse desde los siglos XVII o XVIII.
Buena prueba de ello es el volumen que aquí nos ocupa, que contiene la edición crítica y anotada, con los correspondientes estudios preliminares, de tres comedias de Cubillo de Aragón. Ninguna de ellas había vuelto a ser editada al menos desde el siglo XVIII y, en el caso de El conde Dirlos (conservada en dos sueltas sin datos de imprenta), presumiblemente incluso desde el XVII. Ya solo por esta razón, se trata de una aportación muy valiosa al conjunto de estudios del teatro áureo español.
Dos de las comedias del volumen, El conde Dirlos y El vencedor de sí mismo, están muy cercanas entre sí, tanto por la manera en que han llegado hasta nosotros (solo en formato de comedia suelta) como, sobre todo, por su género, pues se trata de comedias caballerescas de materia carolingia y ariostesca. [End Page 143] Sin embargo, que compartan volumen con La honestidad defendida de Elisa Dido, comedia palaciega protagonizada por la reina Dido, publicada por el propio autor en la miscelánea El enano de las musas (1654), parece mera casualidad: en la breve nota de presentación, el coordinador general del proyecto, Francisco Domínguez Matito, expone que se incluyen en el volumen “tres comedias pertenecientes a distintos géneros y épocas de la producción del autor” que muestran su “diversidad temática” y su “evolución estilística” (vii). No parece existir, por lo tanto, ningún criterio (genérico, cronológico o textual) en cuanto al orden que se sigue en la edición de las obras de Cubillo, como se aprecia también en los otros volúmenes de la serie. A este respecto, es una lástima que el proyecto no partiese, siguiendo el modelo, por ejemplo, de la magna edición de La vega del Parnaso de Lope de Vega coordinada por Felipe Pedraza y Pedro Conde (Ediciones de la U de Castilla-La Mancha, 2015), de la edición crítica conjunta de El enano de las musas, única publicación debida al mismo autor, por el interés que habría tenido respetar el conjunto de obras (no solo teatrales) seleccionadas por el propio dramaturgo, y también por los problemas textuales comunes al tomo en el que se publicaron. Además, y a falta de manuscritos autógrafos de Cubillo, los textos de El enano de las musas podrían servir de patrón para cuestiones lingüísticas y ortológicas (el doblete agora/ahora, dialefas y sinalefas, etc.) útiles al editar obras del autor no incluidas en El enano.
La mayor parte del texto de la presentación a cargo de Domínguez Matito (viii–ix) se dedica a recordar las normas editoriales, basadas en la modernización ortográfica en lo que no afecte a la fonética y compartidas en gran medida por otros grandes proyectos de edición recientes (viii). Se afirma que “la diéresis poética se indica siempre” (viii), aunque hay bastantes que no se marcan (en Dirlos, vv. 385 o 404; en Vencedor, vv. 405 o 627; en Honestidad, vv. 257 o 315). En coherencia con esto, podrían haberse señalado (o, al menos, anotado) las sinéresis, como las que afectan...