EL PRESENTE LIBRO examina una selección de textos de la temprana modernidad que ofrecen diferentes vivencias del tiempo contemplado como “a supremely malleable category” (31) en un momento histórico en el que, con la experiencia devocional cristiana en proceso de renovación interna, se dieron importantes avances en el campo de la ciencia. El análisis se lleva a cabo a partir de una medición en unidades abstractas de cada experiencia personal y no solo desde la perspectiva del tiempo del reloj, considerando “evolving forms of Catholic religiosity as playing a key role in shaping that definition” (2). García-Bryce analiza magistralmente las fluidas renegociaciones de las fronteras entre tiempo divino y tiempo humano en la literatura devocional y contemplativa del momento, explorando la multiplicidad temporal como componente clave de la fenomenología cristiana. “In attempting to make the Messiah present in their own minds”, escribe, “the faithful must very consciously place themselves in a Christian temporal regime, defined as the time between the birth of Christ and the Eschaton, the end of time” (5). Analizando esta dispersión temporal siguiendo determinados presupuestos de pensadores contemporáneos —Paul Ricoeur, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Henri Bergson y especialmente François Hartog y su ya clásico Régimes d’historicité (2003)—, García-Bryce se detiene en una serie de casos paradigmáticos escritos entre 1541 y 1685 que le sirven para ofrecer un análisis de gran recorrido sin perder un ápice de cohesión. Los títulos elegidos son Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, Libro de la vida de santa Teresa de Jesús, Historia eclesiástica indiana de Jerónimo de Mendieta, Comentario al Tratado del Apocalipsis de Gregorio López, La vida que hizo el siervo de Dios Gregorio López de Francisco Losa, Paraíso Occidental de Carlos de Sigüenza y Góngora y “Primero sueño” de sor Juana Inés de la Cruz. Si la mayoría de estas piezas resultan ya canónicas, se nos recuerda con acierto, el estudio del tiempo como un fenómeno percibido subjetivamente continúa, sin embargo, constituyendo una evidente laguna crítica. Dialogando con la idea agustiniana de que la conciencia temporal es la marca definitoria de la existencia humana, y asumiendo en todos ellos una preocupación por la profunda fisura que se percibe entre la experiencia temporal interior [End Page 153] y el tiempo cósmico absoluto, el examen de estos títulos revela cómo la religiosidad tridentina logró promover, en última instancia, formas proteicas de identidad.
El capítulo 1 está dedicado a Ignacio de Loyola (1491–1556), quien encarna la fusión ingeniosa del tiempo mecánico con el “eternalizing present of the Incarnation” (9). El enfoque del análisis no es tanto la expresión de la identidad hacia fuera promovida por la cultura jesuita, sino más bien la expresión interior del tiempo generada por los Ejercicios espirituales. La organización de la docencia religiosa en torno al tiempo lineal del reloj es una característica tan importante de su modernidad como lo es su método personalizado para reconstruir visualmente escenas bíblicas. Así, “rather than perpetuating an opposition between worldly transience and divine eternity”, el vasco enseña a sus discípulos a “make effective a sensorially potent rapport with eternity in real time” (43). En su magisterio, anima a habitar el presente, dotando de propósito a esta suerte de humanidad temporal mediante la necesidad de que cada uno calibre sus propias acciones, centrándose en el carácter procesal de la fragilidad de la vida y la perfección del hombre. Desde este ángulo, lo que le convierte en un verdadero innovador es su manera de socavar la antigua dicotomía entre la mortalidad limitada en el tiempo y la atemporalidad divina. A través de un régimen de estados beatíficos programados, san Ignacio logra la fusión con el cuerpo de Cristo, lo que constituye un alejamiento significativo de las formas de imitatio Christi centradas en la muerte. De este modo, renueva las aporías agustinianas y funda un sujeto agente que controla su viaje...