Andrea Bergaz Álvarez
EL PRESENTE VOLUMEN es el resultado de una investigación iniciada hace años por López Alemany, de la cual había presentado resultados preliminares o parciales en revistas especializadas como Bulletin of the Comediantes, Hispanófila y Dieciocho. Investigador bien conocido en el mundo académico tanto anglosajón como español por contribuciones como El teatro palaciego en Madrid: 1707–1724 (junto a J. E. Varey, Tamesis, 2006), presenta ahora este libro que compendia, en su versión más completa y revisada, las principales líneas de su investigación.
La obra es un estudio de larga duración que abarca más de un siglo, cuyo ambicioso objetivo es resumido al inicio: el estudio de la función del teatro protocolario de corte en la “maquinaria diplomática de la Corona española desde Felipe IV hasta la proclamación de Fernando VI”, recurriendo para ello al Coliseo del Buen Retiro “como un cronotopo que cataliza la evolución del teatro palaciego” (20). El análisis acometido le permite a López Alemany atender a la relación de este teatro con otras formas artísticas con las que se establecen fenómenos de intermedialidad, así como a la influencia de la diplomacia en el desarrollo del gusto musical y teatral en España y en los procesos de transferencia e hibridación cultural. De esta forma, el autor arroja luz sobre un aspecto que, frente a la tradición asentada de análisis del teatro de corte como elemento de control de la nobleza o crítica del soberano, hasta ahora no había recibido tanta atención.
Este análisis se lleva a cabo de forma integral, atendiendo a todos los planos del teatro: su materialidad (edificios y espacios físicos de las representaciones, elementos materiales que las acompañan, libretos y relaciones hemerográficas resultantes) y la capacidad de esta para asombrar como instrumento de lo que Miguel Ángel Ochoa Brun llamó “intimidación del boato” (Historia de la diplomacia española, Ministerio de Asuntos Exteriores, 2006, p. 329); su sociabilidad y ceremonial, de gran potencial propagandístico y diplomático; así como la ficción escenificada sobre el escenario, desgranando el potencial de las metáforas en lo que —siguiendo aquí a Ellen R. Welch (A Theater of Diplomacy: International Relations and the Performing Arts in Early Modern France, Penn UP, 2017)— el autor denomina “diplomacia alegórica” (17). Este [End Page 157] análisis conjunto le permite sacar conclusiones convincentes que van más allá de reflexiones superficiales y descriptivas sobre el valor simbólico de estas representaciones teatrales como formas de pompa u ostentación.
Desde el punto de vista metodológico, la obra se sitúa en la intersección entre la historia y los estudios teatrales y se asienta sobre dos pilares teóricos: la nueva historia diplomática y los estudios de artes escénicas. La combinación de ambos enfoques permite descubrir el papel protagonista en la política exterior de los agentes implicados en el desarrollo de las representaciones analizadas (músicos, dramaturgos, mecenas, cantantes y otros profesionales del teatro como escenógrafos, directores de compañías o actores y actrices) y de sus redes y situaciones sociopolíticas, sin perder de vista el papel diplomático de las alegorías teatrales más allá de las intencionalidades explícitas o implícitas de sus promotores (182). El autor introduce un tercer elemento: los estudios sobre comunicación y esfera pública, pues, como se demuestra, la proyección de estas fiestas teatrales a través de relaciones y otras formas de prensa era un elemento integrante de las mismas. López Alemany muestra así el potencial y la conveniencia de combinar estas tres líneas de investigación, labor que ya llevan a cabo investigadores como Nina Lamal, Helmer J. Helmers o Filippo de Vivo. Se aprecia también en la obra la influencia de estudiosos como Timothy Hampton y sus “diplomatic poetics” (Fictions of Embassy: Literature and Diplomacy in Early Modern Europe, Cornell UP, 2009), la ya mencionada Welch, Louise K. Stein y Silvia Z. Mitchell. El autor se desenvuelve con soltura...