Argentina
María Elena Walsh dejó una marca indeleble en las subjetividades infantes nacidas en la década de los años sesenta. Crecimos escuchando una y otra vez sus canciones gracias a los discos de vinilo. Los textos que emergen desde allí cantados por la voz clara y pausada de su autora, con una cadencia que denota los inicios de su carrera como cantora a través de la música folclórica argentina y latinoamericana, nos llevan de viaje por mundos fabulosos y disparatados, en donde reina otro tipo de lógica, así como una concepción alternativa de lo que significan saber y poder. El presente análisis se concentra en dos discos, Canciones para mí (1963) y El País De Nomeacuerdo (1967), que contienen algunas de sus más inolvidables canciones, para hacer una lectura desde la teoría queer (Sara Ahmed, J. Halberstam, Kathryn B. Stockton), y diseñar de ese modo trayectorias novedosas para acceder a su obra.
María Elena Walsh left an indelible mark on the subjectivities of children born in the 1960s. We grew up listening to her songs repeatedly thanks to vinyl records. The songs emerging from these records, sung in the clear and measured voice of their author—with a cadence that reflects the early stages of her career as a singer of Argentine and Latin American folk music—lead us on a journey through fabulous and nonsensical worlds, ruled by alternative logics, opening up new possibilities for what it means to know and to wield power. This analysis focuses on two albums—Canciones para mí (1963) and El País de Nomeacuerdo (1967)—which include some of her most unforgettable songs, reading them through queer theory (Sara Ahmed, J. Halberstam, Kathryn Bond Stockton) in order to trace new trajectories within her work.