San Cristóbal de La Laguna, España
En este artículo se analiza el espacio como elemento narrativo que representa una proyección de los personajes protagonistas de la ópera prima narrativa de Andrea Abreu. A través de un análisis narratológico de “Panza de burro” (2020) se examinan algunos de los lugares en los que se desarrolla la acción de la novela y la caracterización que hace de estos la voz narradora de la historia. Detrás del espacio en el que se desenvuelve la trama escrita por la autora canaria se aprecia una caracterización (metafórica) que está íntimamente relacionada con la acción de la novela y con sus personajes: no solo se trata de un decorado en el que se desarrollan los acontecimientos que se relatan, sino que, más bien al contrario, el espacio alberga una caracterización y simbología fundamental que tiene implicación directa con la forma en la que se sienten y desenvuelven Isora y “shit”, quienes se proyectan en ellos. En este sentido, en la novela aparece una dicotomía de significados con respecto al lugar: bien visto como algo oscuro, vertical y cerrado o, al contrario, como sinónimo de libertad, características estas que se proyectan en el personaje en el instante en el que el espacio cambia. Todo esto se presenta como un rasgo de la literatura narrativa de Andrea Abreu que permite establecer conexiones con la fotografía de Chema Madoz o con la pintura de William Turner, Claude Monet o René Magritte.
This article analyzes space as a narrative element that represents a projection of the protagonist characters in the debut novel by Andrea Abreu. Through a narratological analysis of “Panza de burro” (2020), it examines some of the places where the action unfolds and the characterization of these spaces by the narrative voice. Behind the space in which the plot written by the Canary Islands author develops, a (metaphorical) characterization is observed that is deeply linked to the action of the novel and its characters. It is not merely a backdrop for the events that unfold; rather, the space itself contains fundamental characterization and symbolism that directly impacts the way Isora and shit feel and navigate their lives, projecting themselves into it. In this sense, the novel presents a dichotomy of meanings with respect to place: it is either seen as something dark, vertical, and enclosed, or conversely, as a symbol of freedom—qualities that project onto the character at the moment the space shifts. This serves as a distinctive feature of Andrea Abreu’s narrative style, allowing connections to be made with the photography of Chema Madoz or the painting of William Turner, Claude Monet, and René Magritte.