Iratxe Fernández Martínez, Verónica Moreno Campos
, David Navarro Ciurana
El desarrollo pragmático temprano se configura sobre competencias interaccionales que preceden a la gramática y que son decisivas para la adaptación escolar. Este trabajo presenta un estudio piloto de viabilidad y concordancia de un protocolo de cribado pragmático en aula (24–36 meses) en contextos ecológicos de juego simbólico. El objetivo es ofrecer a docentes una herramienta breve, comprensible y aplicable sin formación logopédica especializada, que permita perfilar necesidades comunicativas y orientar la programación didáctica. La metodología combinó una rúbrica cualitativa de tres niveles (No adquirido/En proceso/Adquirido) —estructurada en pragmática enunciativa, textual e interactiva— con un registro cuantitativo de seis tipos de turnos (producción verbal espontánea, respuesta, petición, ofrecimiento, turno no verbal y ruptura conversacional). Participaron 15 alumnos/as (7 niños, 8 niñas) de un aula pública con diversidad lingüística (L1 y L2). La docente cumplimentó la rúbrica tras siete meses de curso y una investigadora realizó observaciones directas en actividades de juego (10–12 minutos) con codificación en tiempo real. Entre los resultados, el acuerdo entre la docente y la investigadora fue moderado (0.40) y reveló el enmascaramiento de las habilidades conversacionales de varios alumnos por parte de la primera. En turnos, el 100% del alumnado produjo turnos de respuesta y conductas no verbales; mientras que el 66,7% inició producciones verbales espontáneas; el 60% realizó peticiones, ofrecimientos y rupturas conversacionales. En la discusión, se interpreta el predominio de respuestas y de recursos no verbales como patrón típico de esta franja etaria y como indicador sensible para detectar vulnerabilidad pragmática en ausencia de repertorios lingüísticos extensos. La discrepancia moderada entre evaluaciones subraya la utilidad de complementar la percepción docente con observación estructurada y codificación funcional de turnos. El protocolo demuestra viabilidad, pertinencia ecológica y utilidad de cribado en una sola sesión, facilitando perfiles pragmáticos individuales y la toma de decisiones didácticas tempranas.