Karina Gevorgian, Artur Gudmanian, Kostiantyn Kosharnyi, Natalia Lysenko, Alla Berestova
El artículo es un estudio exhaustivo de los procesos de transformación en el campo de los estudios de traducción provocados por la introducción activa de tecnologías de inteligencia artificial y sistemas de traducción automática de nueva generación. El artículo analiza las estadísticas de organizaciones internacionales sobre la escala y el ritmo de la digitalización de las tecnologías lingüísticas. Se determina que el crecimiento más dinámico en el uso de sistemas de traducción automática se observa en la Unión Europea, según la Encuesta Europea sobre la Industria Lingüística, con una cuota de dichos sistemas superior al 50 %, y en los Estados Unidos de América, con un 67,9 % en 2025. A modo de comparación, en Europa central y oriental, esta cifra oscila entre el 48 % y el 52 % según los informes regionales. Se estudia el impacto de la inteligencia artificial en los componentes clave de la actividad de traducción: cognitivos, lingüísticos y éticos. Se demuestra que los modernos sistemas de traducción neuronal proporcionan un nivel mucho más alto de correspondencia semántica, pero al mismo tiempo plantean riesgos de pérdida del estilo individual, de la interpretación creativa del texto y la adecuación contextual. El autor destaca la necesidad de replantearse el papel profesional del traductor, que está pasando gradualmente de ser un ejecutor a un analista y editor de traducciones generadas por sistemas de inteligencia artificial. El autor propone un modelo para combinar enfoques tecnológicos y humanitarios mediante el concepto de «traducción asistida por humanos», en el que una persona sigue desempeñando un papel protagonista al garantizar la precisión, la relevancia cultural y la ética de la interpretación lingüística. El artículo describe el potencial del uso de la traducción automática en la educación, la ciencia, la diplomacia y los negocios internacionales, e identifica las amenazas asociadas a la excesiva estandarización de las soluciones lingüísticas, la monopolización corporativa de la tecnología y los riesgos de distorsión de los significados derivados del sesgo algorítmico. Se concluye que el desarrollo futuro de los estudios de traducción en la era digital debe basarse en la integración de las herramientas de inteligencia artificial con los principios humanitarios de la cultura lingüística, la creatividad y la responsabilidad intercultural.