Este obituario podría decirse que se compone de dos partes que, en realidad, son una sola. Ninguna de ellas resulta estrictamente necesaria, por sabida, aunque quizás a los lectores menos veteranos de esta revista les guste saber quién ha sido Francisco Rico, cuánto le debemos y cuál fue su relación con El Colegio de México, con la Nueva Revista de Filología Hispánica (NRFH) y con las gentes que le dieron vida, y, por último, qué le acercó, además, a México.