Julia D'Onofrio
La presencia de animales en el Viaje del Parnaso es asombrosa en términos cualitativos y cuantitativos. Tanto las figuraciones animales como los animales concretos que son representados en la obra nos permiten sopesar el manejo cervantino del simbolismo animal y su comunión autobiográfica con algunos de ellos. Llama la atención el lugar de excepción que ocupan cuatro cabalgaduras de condición dúplice (entre concepto y realidad concreta) que simbolizan la ambigüedad e hibridez del mensaje poético. Trayecto vital, viaje fantástico y poesía se conjugan tanto en la mula que trasladó a Caporali –el modelo explícito– como en la cabalgadura-destino, que monta el narrador al comenzar su viaje, pasando por Rocinante, que llevará las obras del alcalaíno hasta los confines del mundo, para culminar con Pegaso, el excelso caballo alado que habita el Parnaso.