Carlos Liscano (Montevideo, 1949–2023) perteneció al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Fue detenido por los militares en 1972, torturado y encarcelado hasta 1985. Se convirtió en escritor en la cárcel. Mitificó ese origen en la escritura de La mansión del tirano (1981): una narración poética y delirante que expresa metafóricamente el horror de la represión. En 2001 publicó El furgón de los locos, que admite ser considerado un testimonio, un ensayo y una autobiografía. Este libro representa una encrucijada en su obra, que transitó desde el comienzo por la hibridez en relación con los géneros literarios y que probó la pura invención, la denuncia, la reflexión. El furgón de los locos invita a enfrentar el carácter multiforme de la verdad. Permite abordar las maneras diversas en las que un proceso de autoconocimiento es concebido como un “ir hacia”: sin cierre, ni forma alguna que pueda fijarse. La selección de los momentos de una vida, la recreación del cuerpo sufriente sometido a tortura, la capacidad de salirse del lugar de la víctima para tratar de percibir los motivos y la sensibilidad del victimario, el análisis del lenguaje de unos y otros son algunos de los caminos por los que este texto riguroso y perfecto en su contención se despliega abriéndose a las heridas del sujeto que escribe, a la denuncia y a la imaginación. Desde la nouvelle Agua estancada (1990) hasta la elaboración de dos conferencias sobre la experiencia de la tortura dadas en 2012 y 2016, pasando por El furgón de los locos (2001) la reflexión sobre la posibilidad de contar la tortura se fue transformando. Este trabajo plantea el análisis de dicho proceso.
Carlos Liscano (Montevideo, 1949–2023) was a member of the Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (Tupamaros National Liberation Movement). Detained by the military in 1972, he was tortured, and imprisoned until 1985, becoming a writer during his incarceration. He mythologized this origin through his novel La mansión del tirano (1981): a poetic and delirious narrative that metaphorically conveys the horror of repression. In 2001, he published El furgón de los locos, a work that functions as testimony, essay, and autobiography. This book represents a crossroads in his oeuvre that, from the beginning, moved through a literary genre hybridity, exploring pure invention, denunciation, and reflection. El furgón de los locos invites readers to confront the multiform nature of truth. It approaches the diverse ways in which a process of self-knowledge is conceived as a "moving toward"—lacking a defined closure or any fixed form. The selection of life moments, the recreation of the suffering body subjected to torture, the ability to move beyond the victim’s role to perceive the motives and sensibility of the perpetrator, and the analysis of their respective language are some of the paths through which this rigorous and perfectly restrained text unfolds, opening itself to the wounds of the writing subject, to denunciation, and to imagination. From the novella Agua estancada (1990) to the lectures on the experience of torture delivered in 2012 and 2016, passing through El furgón de los locos (2001), the reflection on the possibility of narrating torture has evolved. This paper proposes an analysis of that process.