El presente artículo propone una lectura de Fruto (2022) de Daniela Rea Gómez desde el cruce entre periodismo poético, escrituras del cuerpo y ética de los cuidados. El objetivo principal es analizar cómo la obra articula una narración polifónica de la maternidad que desborda los marcos tradicionales de la crónica. En medio de una crisis estructural del periodismo, donde las formas hegemónicas de representación tienden a invisibilizar las experiencias íntimas y afectivas, Fruto emerge como un gesto disidente que diluye las fronteras entre memoria, documento y creación bajo el signo de lo que George Steiner denominó posficción. A partir de un enfoque hermenéutico, el trabajo examina cómo la construcción híbrida y contrahegemónica del relato nos permite repensar la noción de maternidades —en plural— para comprender el cuerpo no como una entidad biológica cerrada, sino como un espacio relacional atravesado por dinámicas de vulnerabilidad e interdependencia. En este sentido, la escritura de Rea se configura como un proyecto de empalabramiento de la experiencia corporal donde el acontecimiento es, más que un dato neutral y aislado, una vivencia narrada que reclama una lectura atenta a sus mediaciones simbólicas y emotivas. Lejos de aspirar a una verdad objetiva, la autora propone verdades situadas, encarnadas y subjetivas, que remiten a prácticas de escucha activa como formas de conocimiento. En conclusión, Fruto constituye una poética de la carne que amplía los límites del discurso periodístico, abriendo una nueva vía para cuestionar las relaciones entre cuerpo, escritura y verdad en el ámbito de las narrativas contemporáneas.
This article proposes a reading of Fruto (2022) by Daniela Rea Gómez at the intersection of poetic journalism, body writing, and the ethics of care. Its main objective is to analyze how the work articulates a polyphonic narrative of motherhood that exceeds the traditional frameworks of chronicle writing. In the midst of a structural crisis in journalism —where hegemonic forms of representation tend to render intimate and affective experiences invisible— Fruto emerges as a dissident discursive gesture that blurs the boundaries between memory, document, and creation under the sign of what George Steiner termed post-fiction. From a hermeneutic perspective, the study examines how the hybrid and counter-hegemonic construction of the narrative enables us to rethink the notion of motherhoods —in the plural— to understand the body not as a closed biological entity but as a relational space shaped by dynamics of vulnerability and interdependence. In this sense, Rea’s writing can be understood as a project of putting-into-words embodied experience, in which the event is not a neutral and isolated datum but a narrated experience that calls for a reading attentive to its symbolic and emotional mediations. Far from aspiring to objective truth, the author proposes situated, embodied, and subjective truths that point toward practices of active listening as forms of knowledge. In conclusion, Fruto constitutes a poetics of the flesh that expands the limits of journalistic discourse, opening a new pathway to question the relationships between body, writing, and truth in contemporary narrative practices.