Este artículo propone una lectura crítica de la única grabación vocal que Juan Luis Martínez dejó de sus poemas, enfocándose en el registro de “El cisne troquelado”. Mientras que la crítica ha abordado su obra desde una perspectiva visual y objetual, este trabajo explora el valor poético y performativo de su voz grabada como acontecimiento sonoro. En el contrapunto entre la escritura y la voz —particularmente en la homofonía ‘CYGNE/SIGNE’— se revela una zona de indeterminación en la que lo gráfico y lo fónico no coinciden, exponiendo el lenguaje como materia inestable. Se analiza el archivo vocal no solo como huella técnica, sino como inscripción de una presencia efímera, afectiva y vibrátil (Nancy, Gumbrecht), que desborda las funciones representacionales del poema. Esta voz no interpreta la letra: la desplaza, la fisura, la hace tambalear. Así, la poética martineana se extiende a una dimensión sonoro-performativa donde la lengua de la poesía, en tanto negatividad expresiva (Agamben), opera desde la exposición de su potencia, no desde su cumplimiento. La grabación, en tanto resto del acontecimiento vocal, activa una lectura que desjerarquiza la primacía de lo visual y problematiza los límites de la autoría y del poema.