En una conferencia-respuesta que ofreció Gabriela Mistral en Montevideo el año 1938, y que ella llamó irónicamente “Acto de obediencia a un ministro” (aunque ha circulado bajo el nombre de “Cómo escribo”), la poeta sostiene que mientras ella está más cerca de su terruño, su poesía es más concreta e inmediata, pero a medida que se aleja de su localidad o país, su escritura se realiza en medio de un “vaho de fantasmas”. En este artículo se plantea que, contrariamente a lo que Mistral señala en esta respuesta, mientras ella está más cerca biográficamente de su lugar topofílico (Elqui, Los Andes, Magallanes) en sus primeros libros, los poemas parecen alejarse más de la “carne caliente del tema” y que, a medida que Mistral se aleja del lugar de origen y recorre diversas localidades desde el destierro, el asunto de la “lugaridad” se hace más concreto e inmediato en su poesía, lo que se debe en ambos casos y fundamentalmente a la dimensión estética y expresiva de los poemas, más que a su contenido. Se intenta demostrar así, a partir del análisis de toda su obra poética (cinco libros), que en esta relación entre lugar y escritura, los derroteros consulares y de errancias se expresaron en sus creaciones poéticas de manera distinta que en su labor pública y biográfica y claro, de manera inversamente proporcional a lo que ella nos planteó en su discurso de “desobediencia” de Montevideo.