Aunque su vida no estuvo exenta de contradicciones, la posición que adoptó Gabriela Mistral tras la sublevación que dio origen a la Guerra Civil Española fue inequívoca. Alineada junto a la España leal, su defensa de la República se hizo patente desde el primer momento hasta el fin de sus días. Así lo atestiguan sus actuaciones en apoyo de los republicanos durante el conflicto y en el largo exilio. En el destierro no solo les prestó auxilio, sino que colaboró con ellos en las actividades intelectuales que promovieron. Su decidida apuesta contra el fascismo y en favor de la paz mundial la aproximó incluso a aquellos que profesaban ideologías de las que se había mostrado muy alejada inicialmente. Todo ello le valió el agradecimiento y el reconocimiento de los españoles que se vieron obligados a vivir fuera de España, mientras en el interior el silencio y el control decretados por el Gobierno de Franco condicionaron las menciones a su nombre y a su trayectoria literaria.