Este artículo examina la obra temprana de Diamela Eltit y las prácticas del Colectivo de Acciones de Arte (CADA) durante la dictadura cívico-militar chilena, desplazando el foco analítico desde la lógica de la “escena” hacia las condiciones materiales de circulación que les dieron visibilidad, legibilidad y espesor crítico. Frente a la lectura dicotómica que ha organizado la producción cultural del período en torno a la oposición entre la “escena de avanzada” —categoría elaborada fundamentalmente por Nelly Richard— y la “cultura de la resistencia” de orientación militante, el artículo propone que las prácticas del CADA y la obra de Eltit operaron constitutivamente en el cruce de ambos registros, recogiendo la herencia del muralismo político de las Brigadas Ramona Parra y de las prácticas culturales previas al golpe, pero desplegándola mediante estrategias de desestabilización simbólica que desbordan los códigos de la cultura militante. El análisis recorre cuatro revistas del insilio —CAL (1979), Ruptura (1982), Cauce y Hoy— y seis momentos documentados de recepción en revistas del exilio entre 1984 y 1991 (Literatura chilena: creación y crítica, América Joven, Araucaria de Chile, Ventanal), mostrando que cada soporte configuró un régimen específico de inscripción y lectura. El artículo concluye que las revistas no transportaron las obras sino que las transformaron en el trayecto, participando constitutivamente en la producción de los significados que la crítica ha tendido a atribuir a las obras mismas.