“Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores” fue la última obra estrenada en vida por Federico García Lorca, el 12 de diciembre de 1935. Tras este primer montaje a cargo de la compañía de Margarita Xirgu, se hubo de esperar a 1967 para verla en escena con la puesta en escena del Teatro Universitario de Sevilla, con dirección de Joaquín Arbide. Las desdichas de la protagonista no volverían a suscitar gran interés hasta el año 1980 con el montaje de Jorge Lavelli. El espectáculo, de sofisticada puesta en escena y liderado por Nuria Espert, logró transmitir el inexorable paso del tiempo y sus dolorosos efectos en la protagonista y suponía la demostración del valor dramático de una pieza que no ha dejado de representarse a lo largo de las últimas décadas. Entre estas actualizaciones sorprendentes se encuentra la de Pablo Remón en “Doña Rosita, anotada”, que, a partir del recurso a la autoficción, permite empatizar con la experiencia del autor -Remón- y de la protagonista lorquiana, haciéndonos partícipes de la experiencia de la pervivencia en nuestras vidas de las personas queridas que han desaparecido. (MT-E)
“Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores” was Federico García Lorca’s last play premiered during his lifetime, on the date of December 12,1935. Following this first production, performed by Margarita Xirgu’s company, it would not be staged again until 1967 with the premiere by the Teatro Universitario de Sevilla, a versión directed by Joaquín Arbide. The misfortunes of the play’s protagonist would not attract great interest again until Jorge Lavelli’s 1980 production. The play, which featured sophisticated staging with Nuria Espert starring, succeeded in conveying the inexorable passage of time and its painful effects on the protagonist. Moreover, this production demonstrated the dramatic valué of a play that has continued to enjoy success in recent decades. Among recent performances, Pablo Remón’s “Doña Rosita, anotada” is particularly notable. By resorting to autofíction, this adaptation of the play allows audiences to empathize with the experience of the author—Remón—and the Lorca’s protagonist. Particularly, in this work the audience become participants and experience the permanence in their lives of the loved ones who have passed away. (MT-E)