Cristián Opazo
Desapareció, arrebatada por la chusma rugiente". Esta es la suerte de la estrella que, fugaz, contempla el cuerpo de la voz que habla en El loco estero (1909). Escogida como epígrafe de Deseo y realidad: las novelas de Alberto Blest Gana, y capturada por dos ojos que ya han visto mucho, esta imagen de un fenómeno celeste devorado por una muchedumbre de escaso refinamiento figura, con delicado soslayo, el afán del ensayista, también poeta, Edson Faúndez. A saber, con el asombro de quien mira el cielo estrellado, descubrir las leyes que disponen un universo que, por infinito, no consigue brillar en los valles de lo cotidiano. Para él, ese universo, claro está, son las novelas de Blest Gana; además de sus astros de combustión perpetua -ahí están Martín Rivas (1862) o Durante la Reconquista (1897)-, allí también titilan sus folletines, que son, para otros críticos, sus estrellas fugaces de destellos fallidos -Engaños y desengaños (1855) o La fascinación (1858)-. Y, en ese universo de soles eternos y flashes de efímera aparición, las leyes que gobiernan las órbitas de los cuerpos celestes son, cómo no, las del deseo -esa demanda incalculable que siempre excede la escala de la necesidad, contrariamente, mensurable-, y las de la realidad -ese dique contra el que limita lo posible, que protege, al sujeto, de la crudeza de lo real.