Burgos, España
En las primeras páginas de Una luna. Diario de hiperviaje (2009), Martín Caparrós expone los motivos del periplo que lo llevará a recorrer ocho ciudades de África y Europa en apenas un ciclo lunar. A renglón seguido, el viajero reflexiona acerca de la comodidad y rapidez de los desplazamientos en la actualidad y desarrolla, entonces, el concepto de hiperviaje. Será este un neologismo con el que denominar ese viajar sin ver que nos lleva de una punta a otra del mundo en horas y que forzosamente altera tanto nuestra concepción espacial como la noción de las distancias y, desde luego, lo aleja del aura que pudo tener, por ejemplo, en los tiempos del Grand Tour. Precisamente, ese viaje con mayúsculas que ocupó a los escritores en el siglo XVIII, las relaciones de las circunnavegaciones o los testimonios de las grandes migraciones se diluyen en Mis dos mundos hasta convertirse en el registro de un itinerario mínimo: el de un literato por un parque en una ciudad desconocida. Sergio Chejfec desarrolla en esta obra de 2008 una poética del tránsito signada por el desinterés, la decepción y la introspección.
Si bien el propósito de cartografiar las escrituras de viaje es prácticamente inalcanzable porque, como apuntaba Beatriz Colombi, “cada ejemplar parece único en su especie” (302) y a cada paso sus límites se trasladan alcanzando territorios antes no explorados, no deja de ser útil para su análisis tantear una categorización, fijar unas coordenadas donde aquellas se inscriban. Tal es la aspiración del presente trabajo al interesarse por dos textos que ilustran, al tiempo que definen, dos de las tendencias más exploradas en la escritura del viaje en el panorama hispánico actual: el hiperviaje y el paseo urbano. Se pretende, partiendo de su lectura, analizar las formas preferidas para relatar el desplazamiento en este inicio de siglo y las motivaciones que se esconden tras su expresión artística. Se constatará así que el género asume un movimiento de ida y vuelta—de la tradición a la innovación, de la creación al pensamiento—, sin dejar de habitar el intersticio y la frontera. En estas páginas, en cambio, se estudian Mis dos mundos y Una luna como formas errantes complementarias en su configuración espacial.
In the first pages of Una luna. Diario de hiperviaje (2009), Martín Caparrós exposes the reasons for the journey that will take him to visit eight cities in Africa and Europe in just one lunar cycle. Next, the traveler reflects on the comfort and speed of travel today and develops, then, the concept of hyper-travel. This will be a neologism with which to call that traveling without seeing that takes us from one end of the world to another in hours and that necessarily alters both our spatial conception and the notion of distances and, of course, takes it away from the aura that it could have, for example, in the days of the Grand Tour. Precisely that trip with capital letters that occupied writers in the eighteenth century, the relationships of circumnavigations or the testimonies of the great migrations are diluted in Mis dos mundos until they become the record of a minimal itinerary: that of a writer for a park in an unknown city. Sergio Chejfec develops in this 2008 work a poetics of the transit marked by disinterest, disappointment and introspection.
Although the purpose of mapping travel deeds is practically unattainable because, as Beatriz Colombi pointed out, “each specimen seems unique in its kind” (302) and at every step its limits move reaching previously unexplored territories, it is still useful for its analysis, to try out a categorization, set some coordinates where they are registered. Such is the aspiration of the present work as it is interested in two texts that illustrate, while defining, two of the most explored trends in the writing of travel in the current Hispanic panorama: hyper-travel and the urban walk. It is intended, based on its reading, to analyze the preferred ways to relate the displacement at the beginning of the century and the motivations behind its artistic expression. Thus it will be verified that the genre assumes a back and forth movement — from tradition to innovation, from creation to thought—, without ceasing to inhabit the interstice and the border. In these pages, instead, Mis dos mundos and Una luna are studied as complementary wandering forms in their spatial configuration.